Cuando duerme el sol en la tarde
el mundo guiña el ojo al universo,
el cielo y el horizonte parpadean;
es tan lento.
En ese instante te digo que te quiero,
el sol suspira
y su rojo aliento
pinta de fuego las nubes.
El cielo negro
es el sueño del mundo;
ahí en ese momento
los dos nos amamos.
Que lento llega el sueño del sol,
que fortuna mi amor
mirarlo como llega
aquí sentados cerremos los ojos con él.
Detrás de las montañas el sol se va,
dormirá esta noche
mientras nuestro amor parpadea,
quiere también cerrar los ojos
dormir para soñar.
Y el punto es que estoy de pie soñando,
pensando en lo grande de este cielo azul
sin nubes para guardar mis recuerdos;
cielo azul ahora me da un hermoso presente.
Me encuentro de pie
buscando en el horizonte nuestro camino,
marcando los árboles de la esperanza
que protejan nuestro andar.
Descansemos en su sombra,
respiremos el aire fresco de sus ramas;
el cielo nos da calor ahora
el camino y los árboles el sendero para andar.
Y en este caminar encontraremos la tarde,
el azul del cielo se irá,
la oscuridad ahora nos invita a soñarnos,
a dormir en nuestros brazos debajo de su manto.
Me encuentro de pie pensando que estás ahí
corazón que me haces falta,
cuando amanece para viajar,
cuando el día me invita a vivir y caminar contigo.
Cuando no estas,
busco un árbol y un rincón
me siento a beber de su sombra
y le pido que me ayude a llamarte.
Y en las noches que te aguardo
mi alma vive después,
de nueva cuenta de tu mano
al lado de tu corazón.
Si la mirada fuera cierta,
si lo que hay entre lo que miro y lo que digo pudiera escucharse
no encontraría el tiempo ni en el infinito
para describir lo que viaja en ese segundo.
Es el hermoso silencio de lo que no procesa la mente,
es sólo el remolino que se forma entre mi pecho y mi conciencia,
nada que puede decirse cuando estoy con vos,
sólo pensándolo en tus besos y tus caricias.
Que describen lunas y estrellas que nacen de mi piel,
sólo para contar la lucha constante de mi desesperado corazón;
que busca tiempos desde que inicio el universo,
que busca espacio para andar de tu mano,
que busca palabras en las noches de lunas azules.
Pero a veces se pierden en la pausa de mi amor y de mi mente,
se pierden en las noches por la oscuridad,
y me encuentro desnudo sin cómo decirte que me hace falta tu ser,
vuelo después de dejarte, pensándote tan cerca.
Las líneas nocturnas de los caminos me acompañan,
a veces la luna se asoma para verme,
y viajo lento pensado que el día se fue,
pensando: el universo vive disfrutando de estos amores que pasan.
Se cansa de contarlos porque ve siempre a los mismos caminantes
a los mismos seres en los planetas de las soledades,
y a veces no encuentran ni notas, ni luces, ni paisaje, para detenerse
y a veces no encuentra que ofrecerles para darles paz.
Ni las palabras se miden, ni el sentido se aclara,
y el universo se ríe en su eternidad,
se enternece de que el amor siempre es el mismo,
son los tiempos de la creación que se pinta de estos amores.
Las luces duermen y se apagan en la danza infinita
y los caminos se abren de nueva cuenta y las lágrimas corren
los pies descalzos quieren caminar más,
las almas así se curan, las distancias son amigas.
Los vuelos por la oscuridad también se repiten,
los atardeceres se vuelven otra vez amigos,
los sueños se dibujan en cada nube que pasa
nada es lo mismo después de las olas de tus caricias.
Las caricias que inventa el universo que llora cuando estas faltan.
Despiertas los besos que duermen en mis labios
cuento el tiempo que me alejo de ti,
y en los sueños que me provocan tu lejanía;
sueños de tiempo lento y de angustia amorosa.
Sólo con el tacto de tus labios
mi boca despierta amores que dejo en tu piel;
y los sueños, nubes blancas por la tarde vuelan por ti
para llegar a esa calle al final del día.
Voy a dormir, la esquina queda solitaria una vez más,
las calles esperan de nuevo nuestras miradas,
mis labios descansan más no se conforman
duermen y esperan despertar al lado de los tuyos.
De regreso a esa calle solitaria
de tenues luces y otras que me deslumbran,
el anhelo me acompaña, el deseo de tenerte;
vuelo y sueño sobre mis pasos esta angustia por amarte.
Cambia mi corazón todas las noches
cuando te dejo en tu cielo,
cuantos suspiros y lágrimas por dejarte
mi corazón cambia, te ama más y crece esta noche.
Nadie desea verse tan descubierto,
a mí no me importa mostrar mi galaxia amorosa
de besos y caricias, me nutro de ti,
de tu amor que danza y canta,
de tu amor que habla en mis sueños.
Despierta los besos que duermen en mis labios,
y se juntan días y noches y el tiempo avanza;
mira la luna que te sonríe,
mira las estrellas que brillan en tus ojos.
Abrázame de nuevo esta noche
bésame, el tiempo marcha de nuestra mano,
que duermo junto a ti desde que el destino unió nuestros ojos;
sólo reclama al universo más eternidad para amarnos.
Deja dormir tus labios en mi cuello,
descansa tus manos en mi pecho,
duerme y escucha mi corazón,
te ama mil veces cada día.
Despierta los besos que duermen en mis labios,
sueña con los latidos de mi corazón
que cambia constantemente de tamaño
y que sangra un poquito cada vez que la esquina se queda sola en la
noche.
La piedra se incendia,
el valle es muy pequeño para tanta pasión.
El horizonte se aleja,
voy caminado y sigue la línea infinita.
El fuego en la sangre,
incendia la mente no la deja pensar.
Las nubes me cubren,
la sombra refresca mi espalda.
Una gota más se evapora,
se incendia mi alma.
La mirada se escapa,
hay muchos rincones en donde ocultarla.
La arena cubre mis pies descalzos,
extraño las caminatas en el pavimento.
El campo se abre lento, generoso,
sin caminos sólo praderas infinitas.
Los sueños están delante,
necesitamos dormir mil horas y despertar después.
Apagar nuestros fuegos,
andar con nosotros lo más recomendable.
Subiré la colina,
descansaré en su cima, alguna vez lo hice.
Tengo ideas que caminan mi mente,
necesito un instante para que escapen.
Que su reflejo vista mi mirada,
y su presencia ilumine mi alrededor.
Si, necesito caminar para volar,
y que mi pecho regale más y más.
Descansa el corazón por las noches,
el día es suficiente para que lata tantas veces al recordar;
la vida se va lento y son tan breves lo mementos de sentirnos vivos,
es por eso que necesitamos ausentarnos por un momento.
Son los sueños que nos borran del mundo
es nuestra mente que sueña fantasías,
es la noche que nos encanta y nos hace parte del universo,
es la oscuridad que nos lleva en sus manos.
Muere el tiempo con nuestros cuerpos,
la diferencia que el tiempo es eterno y solo pasa;
a nosotros nos gusta pensar que somos similares,
pero somos breves relámpagos de luz.
Descansa el corazón por las noches
los sueños lo hacen latir también,
pero no son las emociones tan intensas como las del día,
las ilusiones y fantasías duermen y despiertan en la noche.
Aprendo a vivir cada hora y bebo las mañanas,
aprendo de la luz del medio día
dejo que el sol coma un minuto de mi piel
y dejo que la tarde me contagie su nostalgia.
Y llego a la noche lleno de emociones
mi corazón necesita dormir,
tomar de los dulces sueños, de los lindos sueños
la ilusión de que seré eterno.
Un corazón joven llora, comienza a vivir su mundo
le parece que nos es posible fatigarse tanto,
pero no sabe que dormir llorando es el comienzo del camino
y que el corazón descansa en las noches.
Y recupera alientos para vivir el día que sigue
y recupera sangre para ofrecerla al acompañante cósmico
y recupera calor para soñar en la noche
y recupera vida para intentar ser eterno.
El sol, jamás se queja de las nubes
las llamas para hacer el amor por las tardes,
juntos crean relámpagos de placer,
juntos murmuran en las alturas su amor.
Lavan la tarde con la lluvia
y la oscuridad brilla en las calles,
el sol llama a las nubes por la tarde,
las hace llorar de amor.
Y una tormenta no deja ver el horizonte,
los cuerpos no son nada,
se mojan en el vacío de su cariño,
los cuerpos escurren pasión.
Feliz el sol de quedar detrás de las nubes,
felices las nubes de quedar a su voluntad,
es tan grande lo que llevan dentro
el calor desintegra su cuerpo.
Vive la fe en mi corazón,
duerme la esperanza en mi pecho:
mi ser es mar calmo
el arrullo de las olas, murmullos por tu amor.
Vale la pena mi destino lleno de luz,
las estrellas fugaces me siguen,
dejo atrás la negra nostalgia
prefiero esta sensación eterna que me regala tu intensidad.
Relámpago que cae mil veces
para iluminar esas tardes de lluvia que se niegan morir en la noche,
luz de vida y de mis amores,
energía de esperanza que nace dentro de mí.
Cambia la nostalgia por sonrisas justas
que sólo me regalan la suavidad de tus besos,
el calor de tu cuerpo en flor,
la certeza de tu distancia y cercanía.
Vivo volando de noche,
buscando lluvias en este valle,
buscando el agua de la vida junto a ti;
inventando veredas por donde andar.
Vive la fe en mi corazón,
duerme la esperanza en mi pecho.
Búscame en las multitudes
seguro me encontrarás;
nuestras siluetas son inconfundibles,
nuestros cuerpos se atraen.
Búscame en la noche
tu cercanía es luz que ilumina mi camino,
es tenue y precisa,
es azul como mi amor.
Nos encontramos en el calor del sol,
en el espacio que divide los días,
en el agua que recorre nuestra frente
y que bebemos con nuestros besos.
Nos encontramos en las tardes,
cómplices de sus sombras;
ayudamos a la noche a ser más oscura
para encontrar rincones en donde amarnos.
En el mar de gente y de olas citadinas
camino buscando tu figura;
en la profundidad de mis calles
nadando sin parar.
Búsqueda y encuentro.
superficies diversas, me detienen tus labios;
noches y días, cómplices de los dos,
en sus atardeceres y amaneceres.
Inventando rincones para amarnos,
alargando las horas para tenernos;
te busco y nos encontramos
en este mar citadino y sus olas de carne.
Por qué el tiempo me regala infinitos,
por qué me regala te quieros constantes,
espacios fuera de mi conciencia
por qué se lleva la sorpresa tan pronto.
Ni el vació ni la distancia,
ni las horas sin dormir
son suficientes nunca lo son para comprenderlo
y el corazón se pierde en este tiempo de infinitos.
Es tan grande como el negro universo,
se pierde en galaxias blancas,
viaja en soles que alumbran vidas
cuántas, no lo sé.
Sólo sé que el tiempo me regala tu mirada tierna,
y mi corazón quiere darle un latido día a día;
mi mirada las nubes que alumbran nuestro cielo,
tantas nubes y días como logremos reunir.
El tiempo me regala tus ojos,
quiero acoplar mi mirada con ellos
y ver el cielo azul o las nubes que amenazan lluvia,
ver el color que nos rodea y que juntos atrapamos.
Y en los andares en las avenidas
el tiempo nos regala el viento
que me ayuda a decirte que te amo
con el murmullo de las hojas de los árboles.
La sorpresa constante,
como el calor de tu cuerpo que me dice que me quede,
y los besos que prometen uno más,
me sorprende quedarme caminado sin ti.
Juntemos días que sean semanas,
reunamos días que se conviertan meses,
hasta que se cuente por años,
hasta que se cuente una vida tú y yo.
El tiempo me regala posibilidades infinitas
el inicio, mi certeza de amarte,
la certeza de lo que te digo y que ves en mis ojos
regalo del tiempo que nos hayamos encontrado.
Así como universo dicta que los soles brillen,
que las lunas besen los cielos y sus nubes;
así como las tardes extrañan a los enamorados,
Así como te extrañan mis brazos.
Quién pinta el cielo con sus sueños
tal vez las palabras que te digo;
las miradas que no puedo dejar en tus ojos,
mis manos te acarician en el aire.
Quién pinta la tierra con la lluvia,
tinta de mis lágrimas al extrañarte;
tiñen de negro las calles,
es la tristeza que se acaba dentro de mí.
Cómo crear nubes nuevas con mis palabras,
nubes que no mueran delante de mí;
cielos que me lleven
como lo hacen tus ojos.
Son las tardes brumosas,
extrañas en que se eleva mi espíritu,
busca pintar los sueños en lo más alto,
busca hacer más negras las calles, intransitables.
Yo pinto el tiempo con tu recuerdo,
el lodo de mis suelos incesante se deslava
con las lágrimas de mi tristeza
porque estas un poco lejos.
Pinto con las aguas de verano,
mis suspiros son la bruma que invade el horizonte,
mi corazón nutre a las nubes con sangre que se hace lluvia,
de mis ojos nacen nubes que te lloran.
Pinto estas tardes en que te extraño,
ilumino la tierra de tonos distintos;
mi ser que acaricia el aire
y a pesar de todo mi espíritu se siente dichoso.
Gota de lluvia que alivia el suelo seco,
calor que se evapora de mi sangre;
se va el rocío, y regresa en llovizna fresca,
aún permanece.
Señora de la noche
vagas en las alturas de mis recuerdos;
entre sueños me llaman tus memorias
y en tan pocas horas mi sueño pretende dejarte.
Punto y aparte el corazón está vivo,
la corriente del rio me lleva sobre sus aguas;
entre sus brazos duermo
y su pecho me cobija y acaricia.
Agua que alivia el suelo seco,
que abraza su humedad,
sorbos de dulce frescura,
como el calor de sus manos y sus besos.
Señora de la noche que llega a mi memoria,
espéreme en la negra altura,
ahí tal vez platique con usted y la despida en la mañana;
quédese sólo en las noches y que me acompañe su secreto.
Y que las gotas de la lluvia limpien mi memoria.
Las almas amorosas vuelan
y una mano divina las guía,
las almas amorosas suspiran
y de pronto sus labios se encuentran.
Un ser divino voltea su mirada
y ve que andan perdidas,
las toma con su mano linda
y les regala un rayo de su amor.
Las alamas amorosas son como el cielo azul,
azul de los suspiros que nacen del corazón,
sus labios nubes que chocan en el cosmos,
sus labios que llueven caricias.
Un ser divino los mira
y suspira al mismo tiempo;
lejano en el tiempo, los corazones se hacen uno
y les propone eternidad.
Almas amorosas duermen lejanas
pero suspiran en sus sueños;
suspiran en sus ojos hermosos,
descansan en su pecho la esperanza.
Partiré el sol por la mitad
y beberé la miel que me invita;
comeré más de su calor para sentirme más vivo,
me quedaré un rato más, seré como el carbón ardiente.
Volaré con la promesa de la tarde,
que me regresa mi sol por la mañana;
dormiré en la cima dorada de la montaña
y mirare el horizonte acostado desde su altura.
Por la noche beberé luz de estrellas,
comeré un pedazo de nube
y me enfriaré con la luz azul de la luna
para apagar mi rojo interior.
Y en esta mañana tibia
volveré por el dulce interior de mi sol,
tesoro que alimenta mi corazón
y que enciende mi espíritu dispuesto al fuego.
Quiero encenderme en los días,
alimentarme de los rayos del sol
que en la noche te daré este ardor que me enciende
parar ajustarlo con el tuyo y calmarlo con la luz de la luna.
Y en estas dos posibilidades eternas
soñar juntos y abrazados;
en un rayo quemarnos
y regresar juntos en luz azul de luna.
Déjame una mañana más tus labios
que el rocío de tu voz me acompañe en el camino,
es tanto tu calor que me consume lentamente,
viajo anónimo y viviendo por ti.
No me aparto de todo sin motivo,
me quiero ir a vivir sólo contigo
pensando en que el tiempo me asalta en este día que no te veo,
pensando en los momentos de nuestro sueño.
Pienso en como la noche parte a la luna,
pienso en sus nubes silentes,
y en ese vasto universo que es poco cuando con vos duermo
entre sus brazos donde quiero vivir siempre.
Déjame una mañana más con vos,
que mi corazón es certeza en tus manos;
cada caricia que tejen mis manos en tu piel
es la forma en que deseo quedarme en ti.
Son de noche las voces que me hablan de ti,
la mirada que me robo el tiempo,
la música que escucho desde entonces,
los aromas que robo de tu cuerpo.
Y es en la oscuridad amiga
cuando pienso lo que me dieron tus ojos luminosos;
en tu temor valiente,
en tu angustia resuelta para tenernos.
Son de noche las primeras confesiones,
las notas que cantan mi corazón,
el recuento en la memoria de tus ojos amorosos,
el recuerdo de tu mano viajando con la mía.
De noche te confieso que te quiero,
te digo de la forma en que llegas repentina,
sorprendiendo a mi corazón que no duda
y late por tu ser hermoso.
Son de noche, las horas en que más te extraño,
porque tengo un hueco entre mis brazos para ti
y que lleno de nostalgia por que no puedo descansar con vos,
espere tanto para caminar como lo hago contigo.
De noche, esa maravillosa sensación al buscar nuestros ojos
y ese tierno alivio por verte ahí, cercana,
sin hablar, necesitándonos
y escapar tomado de tu mano.
Son de noche las gotas que nos mojaron de amor,
gotitas de felicidad deslizándose en nuestros cuerpos;
al final la humedad de mi ser enamorado,
de noche, son de noche mis horas latiendo por ti.
Si tal vez muerto y en tus brazos
mi cadáver es tuyo,
y podrás hacer de él lo que desees;
enterrarlo en un páramo lejano,
cremarlo y regar mis cenizas o plantar sobre mí un árbol,
arrojarlo por la borda de un barco en el mar.
Pero se bien que prefieres este corazón palpitante;
vivo como el aire que respiras
dentro de vos muy dentro;
vivo como el agua que moja tus brazos y tu cuerpo,
vivo como el calor de estos días en que te empecé a amar.
Vivo como me siento al caminar tomado e tu mano,
vivo como esos besos que me robas,
vivo como tus labios hermosos que en cada beso
me dicen que me quieren;
y vivo como la luz de tus ojos hermosos
que me iluminó la primera vez que la vi.
Una mañana,
el tiempo ya no es el mismo, nunca lo será.
Los pasos,
emprenden un camino y un destino.
El viaje,
lento impredecible.
El corazón,
necesita con certeza de ti.
Un grito,
que se pierde en el espacio sin respuesta.
Las nubes,
sombras hermosas de la mañana.
Las sombras,
más frías cuando se asoma el sol.
Los sueños,
regresan después de esa noche.
Mis brazos,
cansados y todavía necesitando tu cuerpo,
El túnel,
come mi cuerpo y me oculta en la oscuridad.
Otros sueños,
tus labios húmedos que siento en mi boca.
El medio día,
tu sol candente todavía en mi piel.
Viento,
el aliento fresco de tu voz.
Un ángel,
mi presencia que camina junto a ti.
En las mañanas y tu silueta detrás de la ventana,
en tu silencio juicioso,
en tu cuerpo todavía completo,
en los primeros temores y mi ansia por verte así.
En las mañanas que comienzan a repetirse;
que lindas las avenidas para escapar,
y las calles que comienza a ser mías,
y mi corazón que comienza a volar.
Un tanto tarde, después del descanso,
después de un reposo largo y en momentos eterno;
escondiéndose de las bocas y los ojos juguetones,
curándose de las últimas caídas.
Dónde comienza la historia:
en tu cuerpo solitario en esa estancia,
en tus ojos perdidos después de la aventura mal pagada,
en las palabras que escondieron la verdad en la memoria.
Comienza en las esperas sin llegada,
en las tardes sin despedidas,
en las miradas y pasos vacilantes,
en los caminos que se dividen.
Ahí, en las palabras huecas y sin fondo,
en los besos que vuelan y que ahuyentas con un soplo,
en los brazos que te alcanzan,
y de los que no entiendes su calor.
En las tardes calurosas con calles encharcadas,
en las que atrapábamos arco iris
y nubes en las banquetas,
en los pretextos que encontré en tu voz, tus ojos y tus manos.
Comienza la historia cuando te mire con la sorpresa,
cuando mire tu rostro y no se mi hizo lejano,
cuando el turrón de tu pecho se fundió en mi boca,
cuando tu voz se cortó de pronto.
Al ver la luna que se apagaba,
en nuestros pasos hacia un rincón citadino;
sobre el mármol nuestros labios,
besos de otras vidas guardados hasta ese momento.
Comienza la historia en el recodo del río
y nuestros cuerpos flotando sin mojarse;
en el adiós del instante que siempre tarda en llegar
porque nuestra carne siempre se hace caricias.
En el vuelo y las nubes blancas
buscando tus pensamientos y tus suspiros
que me dejaste una noche en aquel rincón de piedra,
en donde sembraste la carne de tus labios en los míos.
Y la locura de tu espacio justo,
de tu secreto absurdo y tormentoso,
de tus besos de mar
y tu cuerpo de madera hermosa.
Ahí comienza la historia,
que nunca puede acabar;
de cada capítulo se nutren mis pasos,
de lunas, luceros y soles.
Y no llega su final,
estoy aquí escribiendo con mi sangre
tus cercanías y tus abandonos,
y tengo tanto de donde contar el inicio de esta historia.
Mis ojos se alimentan de cada detalle,
de cada cambio de tu mirada hermosa,
de cada rincón de tu cuerpo que descubren mis manos,
y de todas tus locas ausencias
que hacen que esta historia no termine.
Deja que duerma la tristeza,
toma sólo un trago de nostalgia.
un traguito de vino de luna,
y regálale un suspiro a la noche.
Ese dolor se marchará tan pronto llegue
si le cuentas tu pesar a ese lucero,
si no lo dejas en tu corazón,
si lo cuelgas en la nube que vaga de noche.
Limpia tus ojos amorosos,
deja el agua sólo para el mar,
y deja que el tiempo camine contigo
que tu ángel escuche tus razones.
Deja que duerma la tristeza,
que el recuerdo se quede en las páginas que escribiste;
mira al frente, hay tanto que contar,
otra tinta espera tus manos.
Toma el brazo que se tiende ante ti,
a veces el plural es mejor que el singular,
que el viento se lleve tus lágrimas,
que la noche acompañe tu encuentro.